Quizá por la carga lúdica que por genética lleva adscrito el pop, el
estilo de Jesús Ordovás nunca ha sido ni balbucear en las (oscuras)
entrañas de la industria discográfica ni, a diferencia de algunos
coetáneos más próximos al rock, adornar su sapiencia con las recargas
filosóficas a las que, como todos los demás frentes culturales, está
expuesta, sobre todo, la música. Tampoco le ha hecho falta, le ha
bastado, entre otras habilidades, con una locución sobria y efectiva en
la radio, su medio básico, un conocimiento enciclopédico de lo que se ha
cocido culturalmente en nuestro país en los últimos 40 años y una
intuición privilegiada para anticiparse a todo aquello susceptible de
ser encajado en el mundo del pop. El, innegablemente, también es un
artista pop.
El libro que nos ocupa, circunscrito estrictamente al ámbito nacional,
mantiene las tangibles loas para iniciados anteriormente descritas y
también el estilo periodístico habitual de sus escritos, y es, ante todo
y para el que suscribe, un homenaje de agradecimiento a las bambalinas
de ese mundo, a los secundarios, en muchos casos tan ilustres como los
cabecera, a los que, en suma, refuerzan estéticamente el disco, el
evento o la gira o plasman la realidad anónima, llámese, diseñadores,
publicistas, dibujantes, fotógrafos, grafiteros y todos aquellos que
han aportado algo a la parafernalia que abarca desde la época en que en
las cuestas del Rastro madrileño empezaba a fluir la denominada nueva
ola hasta la actualidad. Jesús, siempre ha sido fiel a las amplitudes en
el tiempo y, por descontado, al eclecticismo.
A lo largo de sus más de 200 páginas, Ordovás nos ofrece un precioso y
preciosista paisaje visual aportando portadas de discos, carteles,
fanzines, flyers publicitarios, postales, posters, recortes de prensa,
entradas de conciertos, fotos, cuadros, camisetas y un largo etcétera de
fetiches y exquisiteces por el que Almodóvar, Aramburu, Iván Zulueta,
El Hortelano, Ouka Lele, Vallhonrat, Alberto García Alix, Los Planetas,
Berlanga, Ceesepe, Burning o Alaska, por citar solo algunos, desfilan
hacia un baile de elegancia y buen gusto con unos invitados que ya
hubiera querido Alberto de Mónaco para su fiesta dedicada a la movida ,
aquí, en mayor o menor medida, se echa en falta a pocos pero por si
algo acaso, teniendo el cuenta el predominio global de la imagen al
texto, el ferrolano se encarga de ubicar biográficamente a la mayoría de
ellos con breves reseñas.
Mención aparte merece la parte final del libro en el que, sobre el símil
de unas plantillas/ hojas de bloc y a modo de encuesta estándar, 30
ilustres personalidades de entre las citadas y no citadas vierten sus
gustos, sus filias y sus fobias con unas respuestas sorprendentes que
sin duda mantienen el interés en el cómputo global de un tomo destinado a
ubicarse en la tribuna de preferencia de todos aquellos que, alguna
vez, nos hemos identificado con la cotidiana y deliciosa
intranscendencia, elevada a arte, de eso dieron en llamar pop.
¡¡¡ Viva el pop ¡!!
[Aurelio Sánchez Castillo. Nuevaola80 Madrid]

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