Akratas, jipis, makarras, sikiatras, horteras, comixeros, peludos, enanos, patilleros, licenciados penenes, bronquistas, gamberros...
¿Qué pasha aqui? Fumetas, peligrosos, sociales, pasotas, menorhes, progres, esnobs, exhibicioneros, cochambrosos, desviados, maricas, melenudos, plásticos, chelis...
¿Cómo se enrollan? vagos, pachulis, sociologos, gnomos, piezas, provos, camellos, tronketes, ramoncines, rastreros, porcunos, guiris, bailongos...
¿De qué va la cosa? ¿cómo hemos llegao hasta aqui? algo esta pasando a su lao y usté tampoco sabe de que va.
Editado en 1976 por Ediciones La Piqueta, Jesús Ordovás, afamado periodista y locutor de radio (Radio 3, director del Diario Pop, hasta su desaparición), retrata el movimiento surgido a finales de los 70' acerca del rock urbano emergente, justo antes de que apareciera el fenómeno de la nueva ola y la movida madrileña.
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'Memoria del exilio', Joaquín Sabina (Nueva Voz, 1976)
En 1976 se publica el libreto de canciones 'Memoria del exilio'
en la editorial Nueva Voz. Estos versos, constituirían el grueso
principal dos años más tarde de su primer disco, titulado 'Inventario '.
El libro fue editado por la Editorial Nueva Voz, con una tirada de
1000 ejemplares que el propio Joaquín se encargó de distribuir por el
área de Portobello Road de Londres, vendiendo hasta el último de ellos
gracias a su don de gentes y a las muchas amistades trabadas en el más
de medio lustro transcurrido en la capital británica.
Al publicar 'Memoria del exilio', Sabina escribe un prólogo para dejar claras las intenciones:
“No me engaño sobre estos textos, fueron
escritos para ser cantados. Me temo que leídos resulten desabridos como
puchero de pobre; echan de menos la voz y la guitarra”. Esta conciencia de los tonos diferentes
exigidos por el poema y la canción no supone un orden jerárquico, un
privilegio valorativo a favor de alguno de los dos mundos.
No nos engañemos, porque Joaquín respeta
demasiado a la poesía, y no está dispuesto a jugar la partida hipócrita
del cantante de éxito que cambiaría sus discos, su público y su fama por
un plato de musas. “Quizá no se habla lo que se debiera de
las viejas pero nunca perdidas relaciones entre la canción cantada y la
poesía. Quizá no se habla -aunque se habló- de la poesía de los
cantautores. ¿Quién duda de la belleza lírica de muchas canciones de
Serrat o de Aute o de Joaquín Sabina, todos ellos con piezas
hermosísimas? Pero esas canciones ¿podrían leerse en un libro -sus
letras- olvidando la música y la voz? ¿Serían lo mismo? Me parece que el
tema está aún por debatir”.
García Montero postula acerca de Sabina
que “Sus saberes literarios, sus lecturas de Quevedo o de César Vallejo,
le facilitaron los recursos imprescindibles para escribir algunas de
las mejores canciones de la segunda mitad del siglo XX, pero también le
hicieron comprender las diferencias que hay entre un poema y una
canción”. Inmediatamente antes ha afirmado: “Joaquín Sabina es cantante y
poeta. Por ajustar más: no un cantante metido a poeta, sino un poeta
metido a cantante”.
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