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'Mercedes Ferrer. Pasajera del tiempo', Ángel Galvañ (Fundación Autor/SGAE, 1999)

Mercedes Ferrer permanece ausente desde hace algún tiempo, pero es una actitud premeditada. Sin embargo, está activa, y mucho. Se encuentra en ese proceso de pulir los temas de su próxima entrega. Un trabajo imprescindible para que no haya sombras entre ella y sus canciones, que son historias recogidas en todas sus calles a través de generaciones. Ninguno de los temas nuevos que ha escrito está conjugado en tiempo futuro, pues las secuencias de sus narraciones carecen de principio y final, son intemporales.

Combina las novedades tecnológicas de su estudio personal con el bloc y el boli en una suerte de mutación inevitable, en un intento por amarrar la inspiración a base de tinta y papel, primero, para después encauzar ese torrente de creatividad a través de la pantalla de un monitor que recoge las oscilaciones de unos sentimientos convertidos en lucecitas y destellos fugaces en su ordenador personal. En el cuaderno, los descartes son tachaduras enérgicas de color azul. Mercedes y uno de sus colaboradores discuten, analizan y deciden qué nota prolongará su sonidoy cuál no. Después, a través de las configuraciones de grabación, edición y mezcla, el deseo se hará tangible a las sensaciones, y una nueva canción para su público.

El caso es que el resultado final, es decir, la música y las letras de Mercedes Ferrer han trasmitido hasta ahora una "sensual energía", pero sin concesiones a la galería, porque como ella ha dicho en alguna ocasión: "Una canción es un vehículo de transmisión, un detonante para que una persona al escucharla pueda cambiar ciertas cosas (...) es una contribución muy sutil, puede producir un cambio sociológico de las cosas". Y ella no juega con eso.

[Fuente: elargonauta.com]

'Manolo Tena', Octavio Colis y Ángel Galvañ (Fundación Autor/SAGE, 1999)

En las páginas de este libro con el que se inicia la nueva etapa de la Colección Los autores –editada por la Fundación Autor, de la Sociedad General de Autores y Editores de España-, se desvelan los viajes y las composiciones, la vida, las opiniones, y la imagen de un autor tan raro como esclarecedor del verdadero panorama músical hispano de este final de época.

El largo recorrido de Manolo Tena por la discografía y el espectáculo, la poesía y la música comenzó hace muchos años, cuando por el Madrid de la década de los 70 se paseaban los primeros artistas y prestigitadores del cambio, de la transformación. Aquel joven poeta neoromántico, con sus cuadernitos llenos de dibujos y poemas agrios y feroces, tomaba apuntes de todo aquello que sucedía en los rincones de un Madrid acribillado por la inspiración y el sentimiento de los artistas nómadas que, antes o después, descargaban en la vieja ciudad del Centro sus creaciones proscritas y también los ecos de los creadores internacionales, allí donde les dejaban actúa, o les programaban.

En aquel Madrid remoto y oscuro habían comenzado a resonar las voces del Living Theatre, de Roy Hart, del grupo Tábano, de Ray Collins, y las más sutiles y raciales de salvador Távora, de los poetas del grupo que componía Poesía 70, de José Heredia Maya, y de tantos otros… Con todo ello fue tejiéndose la provocadora figura de rokero insolente que mostraba en sus actuaciones en los pasillos del Metro o en los escenarios.

Con los grupos Cucharada y Alarma!!! Supo darle al harapo y al desplante una dignidad tan nueva en el panorama musical del naciente Estado Español de las Autonomías, que se creó a su alrededor un prestigio que acabó por ser una niebla espesa, como la que acompaña a los ángeles perdidos en el firmamento. Y así voló durante año, raso y esplendoroso. Un día, la cola de un huracán que se ensañaba en las avenidas llenas de palmeras de Miami, lo devolvío al viejo continente, y a partir de ese momento, las plumas de los críticos musicales y las tablas de los escenarios se llenaron de Manolo Tena.

[Fuente: Contraportada del libro]